Formación y conferencias

Cómo elegir un conferencista sin quedarte con una sala contenta y nada más

Las siete preguntas que separan a un conferencista que deja algo de uno que solo entretiene, y los errores de contratación que se pagan el día del evento.

Héctor Julián López Dorantes CEO de THK Marketing · Speaker

12 min de lectura

Organizar un evento empresarial tiene un momento de decisión que condiciona todo lo demás: a quién subes al escenario. Y es una decisión que se suele tomar con la información equivocada —un video de tres minutos editado con la mejor intervención de los últimos dos años, una lista de logotipos de clientes, y una referencia de alguien que estuvo contento.

Con eso se elige bien a veces y mal con frecuencia. Lo que sigue son las siete preguntas que de verdad discriminan, y los errores de contratación que se pagan el día del evento y no antes.

Primero: para qué es este evento

Esto parece obvio y es donde se origina la mayoría de las contrataciones fallidas. Hay cuatro objetivos posibles y requieren perfiles distintos:

Atraer asistencia. El nombre vende boletos. Aquí el reconocimiento público importa más que la especialización, y está bien que importe.

Dar prestigio al organizador. La conferencia es un argumento de marca para quien convoca. Importa que el ponente sea coherente con el posicionamiento del anfitrión.

Mover a la audiencia a hacer algo. El objetivo es que la gente salga y actúe distinto. Aquí el reconocimiento público importa poco y la capacidad de hablar del problema concreto de esa audiencia lo es todo.

Abrir conversaciones comerciales. El evento es parte de un proceso de venta, propio o del patrocinador.

Casi ningún evento tiene un solo objetivo, pero casi todos tienen uno dominante, y conviene nombrarlo antes de pedir la primera propuesta. Un conferencista excelente para el primer objetivo puede ser mediocre para el tercero sin que eso diga nada malo de él.

El error de origen

Contratar por reconocimiento cuando el objetivo era cambio de comportamiento. La sala sale encantada, la encuesta da nueve, y al mes nadie hace nada distinto. No falló el ponente: se le pidió algo que no era lo que se contrató.

Las siete preguntas

Se hacen antes de firmar, en una llamada de veinte minutos. Las respuestas discriminan más que cualquier video.

Siete preguntas y qué revela cada una

  • ¿Qué quieres que haga distinto la audiencia al salir? La pregunta más reveladora de las siete. Si la respuesta es «que se inspiren» o «que entiendan la importancia de», estás ante una conferencia de catálogo. Si la respuesta es una acción concreta y comprobable, hay diseño detrás.
  • ¿Cómo vas a preparar la sesión para este público? Una buena respuesta incluye hablar con tres o cuatro asistentes antes, revisar el sector, y pedir contexto sobre qué se discutió en el evento anterior. Si no hay preparación previa, la conferencia será la misma que dio el mes pasado.
  • ¿Qué parte cambia según el sector y qué parte es siempre igual? Toda conferencia tiene estructura reutilizable, y eso no es malo. Lo que importa es que lo diga sin incomodarse y que sepa señalar qué se adapta. Quien afirma que «todo es a medida» suele estar exagerando; quien no sabe qué adapta, no adapta nada.
  • ¿Qué se lleva la gente por escrito? Una conferencia sin material posterior se evapora en días. Puede ser una página con los puntos clave, una plantilla, una lista de verificación. No hace falta que sea extenso; hace falta que exista y que sea usable el lunes.
  • ¿Cómo manejas una sala escéptica? En eventos empresariales hay siempre gente que fue obligada a asistir. La respuesta útil describe un método —reconocer la objeción temprano, invitarla en voz alta— y no una actitud. «Con energía» no es un método.
  • ¿Qué haces si falla la tecnología? Parece menor y es un indicador fuerte de experiencia. Quien ha dado muchas conferencias tiene respuesta inmediata porque ya le pasó. Quien improvisa aquí, improvisará también cuando pase.
  • ¿Puedo hablar con alguien que te contrató para un evento parecido? «Parecido» es la palabra clave: mismo tamaño de sala, mismo tipo de audiencia, mismo objetivo. Una referencia de un congreso de dos mil personas no dice nada sobre una sesión de cuarenta directores.

Las preguntas 1 y 4 son las que más correlacionan con que algo cambie después. Si solo puedes hacer dos, haz esas.

Las señales de alerta

Cinco cosas que, vistas en la etapa de propuesta, predicen problemas:

No pregunta nada sobre tu audiencia. Un ponente que acepta sin preguntar quién va a estar en la sala va a dar una conferencia genérica. Las preguntas que hace en la primera llamada dicen más que las respuestas que da.

Cifras sin fuente. «El 87 % de las empresas que no adopten IA desaparecerán en cinco años.» Este tipo de dato circula sin origen verificable, y un ponente que lo usa va a soltarlo delante de tu audiencia. Si hay alguien en la sala que lo verifique, el daño reputacional es del evento, no solo del ponente.

Todo son casos de empresas enormes. Si todos los ejemplos son de compañías internacionales con presupuestos inalcanzables, tu audiencia de empresas medianas va a escuchar algo interesante que no le aplica. Un buen conferencista para una sala de PyMEs trae casos de PyMEs.

No distingue conferencia de taller. Son formatos distintos con objetivos distintos. Quien ofrece lo mismo para los dos no tiene claro ninguno.

No quiere hablar de medición. Si la propuesta de evaluación es la encuesta de satisfacción y nada más, el ponente está midiendo si gustó. Es una señal de que no diseñó para que pasara nada después.

Sobre el video de presentación

Un video de tres minutos editado con los mejores momentos de dos años de conferencias demuestra que el ponente tuvo al menos tres minutos buenos. No demuestra que sostenga cincuenta. Pide un fragmento continuo de diez minutos sin cortes, de preferencia de la parte media de una sesión. Discrimina muchísimo más.

El formato correcto para cada objetivo

Un error frecuente es pedir el formato equivocado para el resultado que se busca.

Conferencia de cuarenta y cinco a sesenta minutos. Para instalar una idea, cambiar un marco mental, abrir un tema. Alcanza a mucha gente y no produce práctica. Es lo correcto cuando el objetivo es que la audiencia salga pensando distinto.

Taller de medio día. Para que la gente practique algo y salga sabiendo hacerlo. Máximo veinticinco personas. Es lo correcto cuando el objetivo es capacidad, no conciencia. Cuesta más por asistente y deja mucho más.

Conferencia más taller el mismo día. La conferencia abre para todos; el taller profundiza con el grupo que va a ejecutar. Es el formato que mejor funciona en eventos de cámara o de asociación, donde hay una audiencia amplia y un núcleo que va a actuar.

Sesión de preguntas sin conferencia. Para audiencias de alto nivel que ya conocen el tema y no quieren una exposición. Exige mucho más dominio que una conferencia preparada, y por eso no todos los ponentes la aceptan.

Cómo medir si sirvió

La encuesta de salida tiene un problema estructural: se responde con la emoción de acabar de salir. Mide entretenimiento, no efecto.

Tres preguntas que sí informan:

Al salir, por escrito: «¿Qué vas a hacer distinto esta semana?» Una línea. El valor es doble: el dato para el organizador, y el compromiso escrito que hace más probable que la persona lo haga.

A las cuatro semanas, por correo: «¿Lo hiciste?» Dos opciones y un campo de texto. La tasa de respuesta será baja y aun así es el dato más honesto que vas a tener.

Al organizador, a los tres meses: ¿apareció el tema en alguna junta, decisión o proyecto? Es cualitativo y es lo que decide si se repite la contratación.

Para quien organiza eventos recurrentes

Si haces un evento al trimestre, la pregunta de las cuatro semanas aplicada siempre igual te da, al año, algo que casi ningún organizador tiene: qué temas y qué ponentes produjeron acción y cuáles solo produjeron satisfacción. Es el activo que convierte una agenda de eventos en un programa.

Lo que vale la pena pedir en la propuesta

Para poder comparar dos propuestas de verdad, que el desglose separe:

  • Preparación previa, con las horas y qué incluye: entrevistas, revisión del sector, adaptación de contenido.
  • La sesión, con duración y formato.
  • Materiales que se entregan y en qué formato.
  • Seguimiento posterior, si hay alguno.
  • Desplazamiento y logística, aparte del honorario.
  • Derechos de grabación, que es donde aparecen las discusiones incómodas si no se habló antes.

Una propuesta de una sola cifra sin desglose impide comparar. Y suele significar que la preparación previa no está presupuestada, lo que significa que no va a ocurrir.

En resumen

La pregunta que resume todo esto no es «¿quién es el mejor conferencista?», porque no existe esa respuesta en abstracto. Es «¿qué quiero que pase en esta organización después del evento, y quién está diseñando para que pase?».

Un ponente que no puede responder eso con una frase concreta va a dar una buena conferencia. Puede que sea exactamente lo que necesitas —a veces el objetivo legítimo es que la gente pase un buen rato y salga con energía—. Pero conviene saber que eso es lo que se compró.

Si quieres el guion de la llamada con las siete preguntas y la plantilla de medición a cuatro semanas, el documento descargable de esta sección los incluye listos para usar.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta un conferencista para un evento empresarial en México?
El rango es muy amplio y depende del perfil, la duración, el nivel de personalización y el desplazamiento. Lo que conviene entender es qué mueve el precio: una conferencia preparada a medida del sector y de los problemas concretos de esa audiencia cuesta más que una ponencia de catálogo, porque implica horas de preparación previa. Pedir una propuesta que desglose preparación, sesión y materiales permite comparar peras con peras.
¿Qué debo preguntarle a un conferencista antes de contratarlo?
Siete cosas: qué quiere que la audiencia haga distinto al salir, cómo va a preparar la sesión para ese público concreto, qué parte de la conferencia cambia según el sector, qué se lleva la gente por escrito, cómo maneja una sala escéptica, qué pasa si falla la tecnología, y qué referencias tiene de eventos parecidos al tuyo. Las respuestas vagas a la primera y la tercera son la señal de alerta más fiable.
¿Es mejor un conferencista famoso o un especialista del sector?
Depende de para qué es el evento. Si el objetivo es atraer asistentes y generar asistencia, un nombre reconocido vende boletos. Si el objetivo es que la gente salga haciendo algo distinto, un especialista que conozca el sector y pueda hablar con datos de ese mercado deja más. Muchos eventos resuelven esto con un nombre que abre y un especialista que trabaja.
¿Cuánto debe durar una conferencia empresarial?
Entre cuarenta y cinco y sesenta minutos funciona para la mayoría de los formatos, con diez o quince minutos de preguntas aparte. Pasada la hora, la atención de una audiencia que lleva sentada toda la mañana cae de forma apreciable. Si el objetivo es que el equipo practique algo y no solo lo escuche, el formato correcto es un taller de medio día, no una conferencia larga.
¿Cómo sé si una conferencia sirvió de algo?
La encuesta de salida mide si gustó, que no es lo mismo. Una medición útil pregunta otras dos cosas: qué va a hacer distinto la persona esta semana, formulado por escrito al salir, y una revisión a las cuatro semanas de si lo hizo. Es incómodo porque a veces revela que no pasó nada, y es la única forma de distinguir una buena conferencia de un buen rato.

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